
Ella es una muñeca de trapo que ha vuelto a coserse por sí misma un número considerable de veces. Ella es un puzzle cadente de piezas, una semana sin sábado, un árbol al que el invierno le ha arrebatado las hojas. Es como un libro abierto, pero sin palabras. Ella es un crepúsculo de verano y una tarde de otoño, una primavera lluviosa pero a la vez alegre y un invierno amargo. Es un comienzo en anacrusa y una cadencia rota. Es un trozo de esperanza que ha sido golpeado por la vida. Ella es la sonrisa de un mundo triste, es la última hoja que le queda a aquel viejo árbol a finales de noviembre. Ella es un hueco más en este mundo de locos.
(No existe un nombre para llamar a este sentimiento que nos une, no existe un adjetivo para describirlo, no hay razón para buscar una palabra, lo que nos pasa es algo que nosotros inventamos, porque lo que sentimos no necesita que nadie lo llame de ninguna manera, simplemente pasa, se siente, existe. Es difícil no confundirse, pero lo estamos haciendo bien y nos está haciendo bien.)
Se habían leído los labios en todos los idiomas y los cuerpos se habían leído y bebido y querido a todas horas también. . .
(No existe un nombre para llamar a este sentimiento que nos une, no existe un adjetivo para describirlo, no hay razón para buscar una palabra, lo que nos pasa es algo que nosotros inventamos, porque lo que sentimos no necesita que nadie lo llame de ninguna manera, simplemente pasa, se siente, existe. Es difícil no confundirse, pero lo estamos haciendo bien y nos está haciendo bien.)
Se habían leído los labios en todos los idiomas y los cuerpos se habían leído y bebido y querido a todas horas también. . .
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