lunes, 12 de octubre de 2009

Levanta la cabeza, echa los hombros hacia atrás, camina con orgullo, no te lamas las heridas. Celébralas. Las cicatrices de tu cuerpo son la marca del campeón. Has estado en una pelea de leones, que no hayas ganado no significa que no sepas rugir.


Anatomía de Gray.

Nadie puede predecir cuan alto podras volar, ni tú mismo sabras a qué altura podras llegar, hasta que no extiendas tus alas.

La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las verguenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.

Heinrich Heine.



Sigo intentando entender mis ganas de enamorarme. 
Ya lo dijo Napoleón, "lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes".


Amo darme cuenta que un dia te tuve comiendo de la palma de mi mano... me arrepiento de no haber inmortalizado ese momento en una fotografia...


Si su amor fuera noticia, los titulares dirían : " Prometieron verse y burlaron al destino " . Ahora sería un suspiro seguido de estas palabras : " Se les escapa la vida de tanto soñarse ".

Odió las despedidas toda su vida, y en un aeropuerto se deshizo en lágrimas. Reencuentros, despedidas, momentos, lugares. Por la noche se sentaba a encogerse de frío y mirar todo lo que tenía a su alrededor.


Recordaba besos de sal, sin sal, entre el agua, soñados con agua de por medio y abrazos llenos de arena…

Tenía magia en sus manos: la magia de los atardeceres, la de los besos fugaces de despedida, los abrazos intensos cuándo crees que se te escapa el alma por los pulmones, la de la última fila del cine, la de las declaraciones a voces, delante del mar o lejos de él, la magia de amar sin medida. 

De amarte sin medida.


Dicen que si el viento golpea con mucha fuerza, hace que te olvides de lo que más le duele a tu corazón.

Había conocido el amor durante cinco minutos la única vez que piso la ciudad. Era una mujer que llevaba un abrigo verde, con los ojos verdes a juego. Se asombró tanto que escapó a su casa, a contárselo a sus plantas. Ellas le dijeron que luchara, pero el miedo pudo con él. Desde entonces escribe cartas con destino incierto; contándole lo que la extraña.



“ Que sangren, que duelan, el tiempo cicatriza hasta las heridas del alma. Por suerte, tengo una ilusión por cada cardenal, un día feliz por cada noche perdida, una sonrisa por cada lágrima . . . “

. . y nunca vuelvas atrás


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