lunes, 12 de octubre de 2009


No saldremos en los libros de historia, ni habrá condecoraciones, ni honores ni titular a toda plana y nuestros nombres no tendrán una placa en una de las plazas principales de la ciudad. Nadie se dará cuenta de lo que hicimos pero fue así: aquella noche tu y yo nos dimos todos los besos que le faltaban a esta ciudad.

Ahora desearía ser capaz de cojer una maleta y llenarla de cosas inútiles y vaciarla de recuerdos, y cojer un tren dormitorio, entrar en un vagón, subir directamente a la cama de arriba y acurrucar-se al lado de la pared, cantar cualquier canción pegadiza que le ayudaría a vaciar su mente (más aún), bajar en una ciudad azul sin nombre, en la que el sol tocará cada día y le obligará a sonreir. Pero no, no es capaz.

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