viernes, 1 de abril de 2011


Que yo podría seguirte mientras te vuelvo loco en cualquier sitio. Podría obedecer órdenes estúpidas procedentes de ideas sin sentido, hacer ese tipo de cosas que ni tú ni yo entendemos, esas cosas que parece que dicen que soy fría o arisca, esas cosas que realmente gritan que te quieren, que gritan y que no las escuchas, porque tú siempre escuchas lo que se debe escuchar, porque eres racional y no como yo, no como yo que no sé vivir y nunca aprenderé lecciones que todos intentan enseñarme por simple rebeldía, algo que remite en el principio de esos actos que ni tú ni yo entendemos, pero que tú y yo nos queremos y el resto no se quieren, ni se quieren ni nos quieren porque solo ven lo que tienen delante y no lo que tienen dentro, o porque dentro no tienen nada y no comprenden que los demás estemos vivos y digamos cosas que no queramos decir y gritemos sin que nos escuchen.

Podría escribirte mil y una cartas, y mandártelas porque a mi me gusta invertir dinero en lo que para el resto son bobadas, podría hacerlo pero sería rendirme ante esa idea de que estarás aquí y podré decírtelas al oído mientras me tocas y te toco y dormimos y nadie duerme.
Algunos días pienso que esto es eterno, y todos los demás te echo de menos y te pienso y te deseo lo mejor donde estás y lo mejor cuando estés, y nos imagino poniendo un disco o viendo una película, o atendiendo a los documentales sobre cómo se fabrican los saxofones o cosas tan mundanas como esas que a ti te gustan y yo no entiendo, esas que tú entiendes porque tú entiendes muchas más cosas que yo, esas que me hacen sentir pequeñita y hacen que diga tonterías porque me es imposible competir contigo, porque yo puedo competir contra ellos y puedo machacarlos, y puedo hacer que lloren, y puedo hacer que crean que soy suya o que solo soy una idiota que hace el tonto y que no sabe de nada cuando sabe que todos están muertos, esas que hacen que te admire y por tanto pueda quererte porque yo solo te quiero a ti, porque ni a mí misma me quiero aunque me idolatre, porque la admiración tiene justificación y tú justificas que yo no sea para los demás porque ni me conocen ni me entienden ni les dejo ni querrían.
Que siempre hablo de mí, porque podría estar toda la vida hablando de ti, y así pensarías que soy una idiota, y tú sabes que lo soy, tú lo sabes de verdad y no como ellos, porque tú miraste para ver, no para creer, y me viste, me viste pequeñita aunque fuese muy grande, y después muy grande, y luego pequeñita, y al final me entendiste y me comprendiste y me quisiste.
Puedo decirte que si a veces creía que me volvía loca era porque buscaba y buscaba mal porque no te encontraba, y ahora ya sé que no me queda de eso, no me queda cordura, n o me queda porque te encontré y miré, y vi, y te quise, y supe que siempre te querría...







Tú no sabes ni con quien sueñas... Y es una pena

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