
Un día me quedé sin más alma ni calor para darle, me lo arrebató prácticamente todo, o eso creía yo... Todo se centraba en querer dejar de morirme de pena por él, no tener que sufrir más por su piel, no dejarme caer una y otra vez en su red... Por eso, desde hace un tiempo he evitado depender de alguien, porque cuando estás mal con esa persona te cambia todo tu mundo en un segundo... Aunque sea egoísta, nuestro principal objetivo en la vida es ser felices el mayor tiempo posible y hacer feliz a los que nos rodean. Sin embargo, a veces resulta inevitable depender de ciertas personas si las queremos. Normalmente son personas con una luz propia increíble que tienden a iluminar tu vida y que cuando se alejan o se marchan de ella es como si una habitación de tu corazón se cerrara y se quedara vacía y a oscuras.Y a veces me pasa que de mi vida acaba saltando alguno de esos pedazos tan importantes, como si se fundiera la luz... y entonces... ¿Cómo dejas que ese alguien se marche? ¿Cómo sabes que eso está bien, que todo cambia? ¿Cómo encuentras la forma de sentirte a gusto sin que se te rompa el trocito de corazón que ese alguien ocupaba o sin poder abrir, ni encender nunca más esa habitación?... Creo que lo más difícil que puedes aprender, es a decir adiós... Aún así, muchas veces lo aprendemos y, lo peor, debemos ponerlo en práctica, pero aunque duela es irremediable porque uno es como es y ni es fácil dejar de serlo, ni quiero dejar de serlo nunca más para querer a alguien, eso es casi... Un combate perdido de antemano
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